Historia junto a Chocolates Valor

Chocolates Valor ha cumplido este año 135 años de danza empresarial desde sus orígenes en Villajoyosa. La marca quiere dejar constancia de su trayectoria y experiencia en el sector, y para ello hace   un recorrido por las etapas históricas del chocolate a través de su museo conmemorativo.

Su historia particular  se remonta dentro de una familia de alrededores en el año 1881, presidido y gestionado en primacía por Don Valeriano  de donde procede el nombre de la compañía.

En las sales del museo, proceso de Branden Content de la compañía, se explica en primer lugar como en el siglo XIX  se empleaba  un molino manual para triturar y moler los granos de cacao.  Se torrefactaban para facilitar su decorticación y  acto seguido se molían a la vez que la pasta se calentaba. La masa resultante se apilaba y pesaba, depositándola después en los moldes de papel «ladrillo» donde se aplanaba y, finalmente  se colocaba en un mostrador y mediante sacudidas se trataba de dar forma al chocolate, a la par que se moldeaban las onzas manualmente gracias a un señalador.

Después nos muestran como   la segunda fase del proceso industrial en Villajoyosa, se inicia con la introducción en el último tercio del siglo XIX del molino conocido como el  «malacate», cuya producción alcanzaba los 250 kilogramos por día. Y así, a  partir de principios del s. XX, éste  será sustituido por molinos a los que se le acopla motores a gasoil que terminarían por se  eléctricos más adelante. Es por esta primera mitad del siglo que Chocolates Valor adquiere el primer vehículo a motor a modo de  una camioneta Chevrolet, hecho que deja constancia ya de la buena capacidad de  maleabilidad de la marca para adaptarse a los tiempos como factor evidentemente escaso durante dicha época sobre terreno nacional.

Hoy en día, fieles a procesos de elaboración tradicionales, la marca continúa importando excelentes variedades de cacao en grano procedentes de Ecuador, Panamá y Ghana como en sus inicios. Por otro lado en la vigencia,  se centra paulatinamente en introducirse  en el sector de la franquicia mediante cursillos  para enseñar a elaborar el chocolate (a la taza) siguiendo técnicas artesanales.

La firma ha sabido progresar al mismo nivel de la sociedad contextual en la que convivía, ya que su adaptabilidad ha sido su gran motor de impulso y progreso, así como su manteniendo de  pureza y personalidad arraigada a sus comienzos y raíces geográficas.El museo hace gala de ello, y de otros muchos secretos acerca de este manjar tan apetecible como es el chocolate.

Yasmine Teruel Gosálvez

 

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